Innovación: el problema no son las personas, son los sistemas

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Cuando una organización no innova, la explicación habitual es que las personas no son suficientemente creativas. Sin embargo, la experiencia demuestra que, en la mayoría de los casos, el verdadero problema no son las personas sino los sistemas en los que trabajan.

En el artículo anterior planteamos una idea central: la innovación no es un accidente ni el resultado espontáneo de algunas personas creativas. La innovación requiere competencias, liderazgo, cultura, aprendizaje y sistemas organizacionales que la hagan posible.

Sin embargo, existe una pregunta que pocas organizaciones se hacen con suficiente profundidad:

Si queremos innovación, ¿estamos evaluando y recompensando los comportamientos que la generan?

Porque una cosa es hablar de innovación y otra muy distinta es gestionarla.

Muchas empresas afirman que desean innovación, creatividad, mejora continua y pensamiento disruptivo. Sin embargo, al revisar sus sistemas de evaluación del desempeño, sus incentivos y sus mecanismos de reconocimiento, encontramos una realidad diferente: se premia el cumplimiento, la estabilidad operativa y la reducción del error, pero rara vez la experimentación, el aprendizaje o la generación de nuevas soluciones.

La consecuencia es predecible: las personas terminan orientando sus esfuerzos hacia aquello que genera reconocimiento y evitan aquello que puede afectar su evaluación.

Las personas responden a los sistemas

McKinsey, Galbraith y otras firmas de consultoría han venido reiterando la importancia de la arquitectura organizacional. En prácticamente todas sus propuestas aparecen dos elementos recurrentes: los sistemas y las consecuencias.

Pretender cambiar comportamientos únicamente mediante discursos es una ilusión. La comunicación es necesaria, pero resulta insuficiente cuando los sistemas organizacionales envían mensajes diferentes.

Esperar que la motivación por sí sola impulse la innovación es una simplificación excesiva. Además de desarrollar competencias innovadoras, es necesario incluir la innovación en la evaluación del desempeño, en la compensación y en la gestión cotidiana.

Peter Drucker ya lo afirmaba hace décadas:

“Lo que se mide se gestiona.”

Si una empresa mide exclusivamente:

  • cumplimiento de cronogramas,
  • eficiencia operativa,
  • reducción de costos,
  • volumen de producción,

 

No debería sorprenderse si las personas concentran allí sus esfuerzos.

La pregunta es sencilla:

¿Dónde aparece la innovación dentro de la evaluación del desempeño?

Para reforzar este concepto resulta útil retomar a Dave Ulrich, quien plantea una afirmación provocadora: para lograr resultados sostenibles es más importante la organización que el talento individual.

Las investigaciones desarrolladas por RBL Group y la Universidad de Michigan muestran que una parte significativa de los resultados proviene de las capacidades organizacionales y de los sistemas que permiten que las personas trabajen juntas, y no únicamente del talento individual.

Podemos contar con personas extraordinarias, pero la pregunta sigue siendo:

¿Qué hacemos desde la organización para potenciar la innovación?

¿Qué hacemos desde la selección, la capacitación, la evaluación, la compensación y la construcción de cultura organizacional?

Si la innovación es importante para el futuro de la empresa, debería convertirse en una competencia explícita y gestionarse como tal. Una organización innovadora no se caracteriza porque tenga unas pocas personas creativas. Se caracteriza porque sus sistemas permiten que muchas personas aporten ideas, las prueben, aprendan y generen valor.

El miedo al error: enemigo silencioso de la innovación

Uno de los mayores obstáculos para innovar es el miedo.

Amy Edmondson ha demostrado que la innovación y el aprendizaje están profundamente relacionados con la seguridad psicológica.

Cuando las personas perciben que cualquier error será castigado, evitan:

  • experimentar,
  • proponer ideas,
  • cuestionar procesos,
  • asumir riesgos razonables.

 

Paradójicamente, muchas organizaciones afirman que desean innovación mientras castigan los comportamientos necesarios para producirla.

En nuestra experiencia de consultoría hemos observado que las personas son extraordinariamente sensibles a los mensajes organizacionales. Comprenden rápidamente qué conductas generan reconocimiento y cuáles generan dificultades.

Si las ideas nuevas son sistemáticamente cuestionadas, ignoradas o castigadas, la innovación terminará desapareciendo, independientemente de los discursos corporativos.

La innovación exige explorar.

Y explorar implica aceptar cierto nivel de incertidumbre.

¿Qué deberíamos impulsar?

Potenciar la innovación no significa únicamente contar cuántas ideas propone una persona.

Una organización puede tener cientos de propuestas y aun así generar poco valor.

El objetivo no es producir ideas; el objetivo es transformar ideas en mejoras para los clientes, los procesos, los trabajadores y los resultados.

Por eso resulta más útil identificar comportamientos que favorezcan la innovación.

Aprendizaje continuo

¿Las personas actualizan conocimientos y exploran nuevas herramientas?

Hoy hablamos frecuentemente de upskilling y reskilling, pero vale la pena preguntarse si realmente forman parte de la práctica cotidiana o si simplemente se han convertido en palabras de moda.

Las organizaciones innovadoras amplían permanentemente sus marcos de pensamiento.

Hace algunos años se popularizaron herramientas como:

  • Los Six Thinking Hats de Edward de Bono.
  • Analogías y pensamiento lateral.
  • Simulación y prototipado.
  • Herramientas estadísticas y administrativas para el análisis de problemas.

 

Actualmente se complementan con metodologías más estructuradas como:

Design Thinking

Popularizado por IDEO y Tim Brown, parte de comprender profundamente al usuario antes de proponer soluciones.

Su lógica es sencilla:

  • Empatizar.
  • Definir.
  • Idear.
  • Prototipar.
  • Probar.

 

No busca únicamente generar ideas, sino generar soluciones útiles.

Lean Startup

Eric Ries propone construir rápidamente, medir resultados y aprender.

La innovación deja de ser un gran proyecto de largo plazo para convertirse en pequeños ciclos de aprendizaje continuo.

Mejora de procesos

¿Las personas proponen formas más eficientes de realizar el trabajo?

Los japoneses desarrollaron el concepto de Kaizen, basado en la mejora continua.

No toda innovación es disruptiva.

Muchas organizaciones alcanzan resultados extraordinarios gracias a cientos de pequeñas mejoras implementadas sistemáticamente.

Colaboración transversal

¿Las personas comparten conocimientos y construyen soluciones con otras áreas?

¿O continúan reforzando los silos organizacionales?

La innovación rara vez surge de perspectivas aisladas.

Muchas veces aparece precisamente en la integración de conocimientos diversos.

Un mecanismo sencillo para empezar son los acuerdos de servicio entre áreas, ya que obligan a pensar simultáneamente desde el proveedor y desde el receptor.

Experimentación responsable

¿La organización facilita espacios para probar nuevas alternativas?

Innovar exige probar.

Pero probar requiere estructura.

Aquí aparecen metodologías como TRIZ, desarrollada por Genrich Altshuller, quien identificó patrones comunes de solución presentes en miles de patentes.

TRIZ parte de una premisa poderosa:

Los problemas innovadores suelen compartir principios comunes de solución.

Generación de valor

Finalmente, la pregunta más importante:

¿Las iniciativas generan valor?

No basta con hacer algo diferente.

La innovación debe impactar positivamente:

  • los clientes,
  • los procesos,
  • los resultados,
  • la experiencia del trabajador,
  • o la capacidad competitiva de la organización.

 

Muchas personas saben realizar sus tareas.

Menos personas saben medir el valor que producen.

La compensación también comunica

Milkovich y Newman explican que los sistemas de compensación cumplen tres funciones fundamentales:

  • atraer,
  • retener,
  • motivar.

 

Desde la perspectiva de la innovación deberíamos agregar una cuarta:

Orientar comportamientos.

Los incentivos comunican permanentemente qué considera importante una organización.

Si una empresa afirma buscar innovación, pero únicamente recompensa resultados de corto plazo, probablemente obtendrá eficiencia operativa, pero difícilmente innovación.

“Las personas son inteligentes y observan qué comportamientos se reconocen y cuáles no.”

¿Nos focalizamos en los artefactos o en el contenido del trabajo?

Aquí aparece un desafío particularmente interesante.

Muchas organizaciones invierten recursos importantes en beneficios visibles:

  • gimnasios,
  • transporte,
  • mascotas en la oficina,
  • vestimenta casual,
  • cafeterías especiales.

 

Todos estos elementos pueden ser positivos.

Sin embargo, Teresa Amabile ha mostrado que la satisfacción profunda proviene principalmente del contenido del trabajo.

Las personas alcanzan altos niveles de motivación cuando experimentan:

  • progreso,
  • autonomía,
  • desafíos significativos,
  • oportunidades para aprender,
  • y capacidad de contribuir.

 

La innovación se alimenta más del diseño del trabajo que de los artefactos.

¿Qué puede hacer una organización desde mañana?

Algunas acciones prácticas pueden ser:

  • Incorporar comportamientos de innovación en las evaluaciones de desempeño.
  • Reconocer públicamente iniciativas de mejora.
  • Establecer espacios para experimentar y aprender.
  • Formar personas en metodologías de innovación.
  • Fomentar el pensamiento crítico.
  • Incorporar indicadores de innovación a nivel de equipos.
  • Revisar si los sistemas de compensación incentivan la generación de valor futuro.
  • Desarrollar líderes capaces de gestionar el error como fuente de aprendizaje.

 

Asimismo, resulta especialmente valioso aplicar principios humanistas como los propuestos por Peus y Frey:

  • resolver problemas en lugar de buscar culpables,
  • convertir errores en oportunidades de aprendizaje,
  • promover conflictos constructivos,
  • estimular la curiosidad,
  • facilitar la creatividad.

 

Conclusión

La innovación no depende únicamente de las capacidades de las personas.

También depende de los sistemas que las rodean.

Las organizaciones innovan exactamente en la medida en que sus sistemas permiten que las personas aprendan, experimenten y generen valor.

Por eso, si realmente queremos innovación, debemos preguntarnos:

¿Nuestros sistemas de evaluación y compensación están promoviendo los comportamientos que la hacen posible?

En Euro Business Coach acompañamos a las organizaciones a diseñar sistemas de gestión del talento que integran competencias, desempeño, liderazgo, cultura e innovación para que las buenas ideas no se queden en intención, sino que se conviertan en resultados sostenibles.

Porque innovar no consiste únicamente en tener buenas ideas.

Innovar consiste en construir las condiciones para que esas ideas se conviertan en valor.

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