Del entusiasmo por innovar a la capacidad de innovar continuamente. En los tres artículos anteriores de esta serie hemos planteado una idea que se ha ido fortaleciendo progresivamente.
Primero afirmamos que la innovación es mucho más que tener buenas ideas y aplicar tecnología. La innovación requiere competencias, cultura, estructura, liderazgo y sistemas rediseñados que permitan convertir conocimiento en valor.
Después analizamos cómo los sistemas de evaluación, compensación y reconocimiento pueden estimular o bloquear los comportamientos necesarios para innovar.
Posteriormente reflexionamos sobre la arquitectura organizacional y una pregunta que consideramos fundamental: ¿Está diseñada nuestra organización para que una buena idea pueda convertirse en un buen resultado?
Sin embargo, después de revisar estos tres elementos, surge una pregunta significativamente importante:
¿Tenemos líderes que construyen capacidades para innovar o simplemente líderes que impulsan iniciativas innovadoras?
La diferencia parece pequeña pero NO lo es. Muchas organizaciones logran innovaciones puntuales. Pocas desarrollan la capacidad de innovar de manera repetida. Una innovación resuelve un problema. Una capacidad de innovación permite resolver los siguientes.
Innovar no significa innovar en todo
Uno de los errores más frecuentes que encontramos en consultoría es asumir que toda organización debería innovar simultáneamente en todos los frentes. Nada más alejado de la realidad. Los recursos son limitados. El tiempo de los equipos es limitado. La atención directiva es limitada.
Por eso una de las primeras responsabilidades del liderazgo es decidir dónde vale la pena innovar.
El empresario y el directivo deberían preguntarse:
- ¿Qué resultado estratégico necesitamos mejorar?
- ¿Dónde se encuentran nuestras mayores brechas?
- ¿Qué proceso limita nuestro crecimiento?
- ¿Dónde estamos perdiendo valor para el cliente?
- ¿Qué capacidad necesitaremos para competir mañana?
Innovar no consiste solamente en generar ideas.
También implica elegir. Y elegir implica priorizar.
El tablero de control como brújula para innovar. Kaplan y Norton desarrollaron el Balanced Scorecard como una herramienta para traducir la estrategia en objetivos, indicadores y acciones. Sin embargo, muchas organizaciones utilizan el tablero únicamente para controlar resultados.
Nuestra experiencia muestra que puede cumplir una segunda función: Orientar la innovación.
Cuando un indicador muestra una brecha persistente, no solamente está revelando un problema. También puede estar señalando una oportunidad de innovación.
Un indicador deteriorado puede invitarnos a preguntarnos:
- ¿Qué debemos rediseñar?
- ¿Qué deberíamos dejar de hacer?
- ¿Qué podríamos automatizar?
- ¿Qué deberíamos aprender?
- ¿Qué podríamos hacer de manera completamente diferente?
En ese momento el tablero deja de ser un instrumento de control y se convierte en una herramienta de transformación. En otras palabras, integra el mapa estratégico y el BSC con la propuesta de Océanos Azules de Chan Kim y Renée Mauborgne.
De la brecha a la oportunidad. Las organizaciones más innovadoras tienen algo en común. No observan los indicadores únicamente para explicar el pasado. Los utilizan para diseñar el futuro. Cuando aparece una brecha relevante, transforman el dato en una pregunta de innovación.
Por ejemplo:
Si disminuye la satisfacción del cliente: ¿Debemos innovar en la experiencia, en el servicio o en la relación?
Si aumentan los costos: ¿Debemos cambiar procesos, tecnología o formas de trabajo?
Si disminuye la productividad: ¿Debemos desarrollar nuevas competencias o rediseñar responsabilidades?
La innovación deja de ser un programa separado de la estrategia. Pasa a convertirse en una respuesta organizada frente a los desafíos del negocio.
El verdadero líder de innovación construye capacidades
Aquí aparece el punto central de este artículo. Durante años hemos asociado la innovación con proyectos, laboratorios, metodologías o tecnologías. Todo eso es importante.
Pero la pregunta más relevante es otra:
¿Qué quedó instalado en la organización después de innovar?
Después de una iniciativa innovadora pueden quedar:
- nuevas competencias;
- nuevos conocimientos;
- mejores procesos;
- nuevas tecnologías;
- nuevas relaciones con clientes;
- nuevas formas de colaboración;
- mejores capacidades de decisión.
Cuando eso ocurre, la organización no solamente resolvió un problema. Se volvió más fuerte.
David Teece, uno de los principales autores en capacidades dinámicas, plantea que las organizaciones exitosas desarrollan la capacidad de detectar oportunidades, aprovecharlas y transformarse continuamente. Desde esta perspectiva, innovar no es un proyecto. Es una capacidad organizacional. Y construir capacidades es una responsabilidad directiva.
Las cuatro responsabilidades del líder innovador
Hace algunos años propusimos un modelo de liderazgo basado en cuatro responsabilidades directivas: establecer el camino, evidenciar efectividad personal, comprometer a otros y construir capacidades. La innovación puede observarse perfectamente desde estas cuatro responsabilidades.
Establecer el camino: El líder define dónde la organización necesita innovar. No se trata de innovar por moda.
Se trata de innovar para fortalecer la estrategia.
Evidenciar efectividad personal: El líder aprende, cuestiona, analiza y toma decisiones en escenarios de incertidumbre. La innovación requiere criterio, no únicamente entusiasmo.
Comprometer a otros: Ninguna innovación importante se construye en solitario. El liderazgo moviliza talento, conocimiento y recursos.
Construir capacidades: Esta es probablemente la responsabilidad más importante. Porque es la que permite que la innovación permanezca incluso cuando el proyecto termina.
¿Qué capacidades deberíamos construir?
Cada organización deberá responder esta pregunta según su estrategia. Sin embargo, encontramos algunas capacidades recurrentes:
Capacidad de observación: Leer tendencias, escuchar clientes y detectar oportunidades.
Capacidad de aprendizaje: Convertir experiencias y errores en conocimiento útil.
Capacidad de experimentación: Probar alternativas antes de comprometer recursos masivos.
Capacidad de colaboración: Integrar conocimientos de diferentes áreas.
Capacidad de transformación: Convertir ideas en resultados.
Pero existe una capacidad aún más importante: La capacidad de decidir dónde innovar, Porque innovar también significa focalizar esfuerzos.
De la innovación casual a la innovación estratégica
Quizás la mayor enseñanza de esta serie sea la siguiente: La innovación no debería seguir este camino:
Ideas → proyectos → resultados
Debería seguir este otro:
Estrategia → indicadores → brechas → oportunidades → innovación → capacidades → resultados
La diferencia es enorme. Cuando la innovación nace de una necesidad estratégica genera más valor. Y cuando deja capacidades instaladas, la organización no solo resuelve el problema actual.
Se prepara para enfrentar el siguiente.
Una última pregunta para los empresarios
Después de estos cuatro artículos, quizás la pregunta más importante no sea:
¿Qué tan innovadora es nuestra empresa?
Tal vez deberíamos formularla de otra manera:
¿Qué capacidad necesitamos construir hoy para ser más competitivos mañana?
La respuesta puede estar en una tecnología. Pero también puede estar:
- en un proceso;
- en una competencia;
- en una forma de trabajar;
- en una experiencia de cliente;
- en una decisión que llevamos demasiado tiempo aplazando.
Porque la innovación comienza cuando una organización decide que puede generar más valor.
Y el liderazgo se demuestra cuando convierte esa decisión en una capacidad organizacional.
Después de esta serie, quizás podamos resumir la innovación en una sola idea: La innovación no es solamente una cuestión de creatividad, tecnología o inspiración. Es una decisión estratégica. Y el verdadero liderazgo no se mide por las innovaciones que impulsa. Se mide por las capacidades que deja instaladas en la organización después de innovar.
Cómo acompañamos desde Euro Business Coach
En Euro Business Coach acompañamos a empresarios y equipos directivos en la construcción de capacidades organizacionales para innovar, articulando estrategia, indicadores, liderazgo, competencias, cultura y sistemas de gestión.
Nuestro propósito es ayudar a que la innovación tenga foco estratégico, genere resultados y deje capacidades instaladas en la organización.
Porque innovar no es solamente tener buenas ideas.
Es saber dónde innovar, para qué hacerlo y qué capacidades debemos construir para seguir generando valor en el futuro.
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