Innovación: cuando la estructura ayuda… o estorba

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¿Cuántas buenas ideas de su empresa se han quedado en el camino por culpa de la propia organización?

 En los dos artículos anteriores de esta serie planteamos dos ideas fundamentales. La primera: la innovación no es el resultado espontáneo de algunas personas creativas. Se construye mediante competencias, liderazgo, cultura, aprendizaje y sistemas organizacionales que crean las condiciones para que las ideas puedan convertirse en valor. La segunda: las organizaciones tienden a obtener los comportamientos que evalúan, reconocen y recompensan. Si una empresa quiere innovar, debe asegurarse de que sus sistemas favorezcan la experimentación, el aprendizaje y la generación de valor.

Pero aun cuando una organización desarrolla competencias innovadoras y ajusta sus sistemas de evaluación y reconocimiento, aparece una pregunta adicional:

¿La estructura organizacional facilita la innovación o la dificulta?

Una empresa puede declarar que quiere innovar, capacitar a sus personas, reconocer nuevas ideas e incluso invertir en tecnología. Pero si su estructura ralentiza las decisiones, fragmenta el conocimiento o dificulta la colaboración, la innovación encontrará obstáculos permanentes. Y aquí aparece una conclusión que puede resultar incómoda: Muchas veces el problema no está en la falta de ideas. Está en la forma como está diseñada la organización. 

Innovar exige algo más que creatividad

Durante décadas, las organizaciones fueron diseñadas principalmente para lograr estabilidad, control, especialización y eficiencia. Y eso tenía sentido. Max Weber explicó cómo las estructuras burocráticas permitieron administrar organizaciones complejas mediante especialización, jerarquía, reglas y procedimientos. El problema no es la existencia de estructuras, procesos o controles. El problema aparece cuando pretendemos innovar utilizando estructuras diseñadas exclusivamente para controlar. Innovar implica aprender. Aprender implica experimentar.

Y experimentar implica aceptar cierto nivel de incertidumbre.

Por eso encontramos organizaciones que hablan permanentemente de innovación, pero donde una decisión sencilla requiere múltiples aprobaciones, comités, revisiones y escalaciones. En estos escenarios, las ideas no mueren por falta de creatividad. Mueren por agotamiento.

Los silos organizacionales: enemigos silenciosos de la innovación

Uno de los fenómenos que más observamos en las organizaciones es la existencia de silos. Cada área busca hacer bien su trabajo:

  • Comercial vende.
  • Operaciones produce.
  • Finanzas controla.
  • Tecnología desarrolla.
  • Gestión Humana gestiona personas.

 

Todo parece correcto. El problema aparece cuando cada área optimiza sus propios resultados sin comprender el impacto que genera sobre el sistema completo.

Russell Ackoff planteaba una idea poderosa: optimizar las partes no garantiza optimizar el sistema. Y la innovación rara vez nace dentro de una sola función. Con frecuencia surge cuando logramos integrar:

  • la necesidad del cliente;
  • las capacidades tecnológicas;
  • los recursos disponibles;
  • los procesos operativos;
  • y el conocimiento de las personas.

 

Peter Senge desarrolló una perspectiva similar desde el pensamiento sistémico, mostrando que muchos problemas organizacionales son consecuencia de las interacciones entre las partes y no solamente de decisiones individuales. Por eso una empresa puede tener excelentes departamentos y, aun así, innovar poco. La fragmentación del conocimiento limita la capacidad de generar soluciones nuevas.

¿Quién es el arquitecto de la innovación?

Esta es una pregunta que vale la pena hacerle a cualquier equipo directivo: ¿Quién diseñó la organización que tenemos hoy? La respuesta muchas veces no es clara. Encontramos estructuras construidas por acumulación histórica:

  • áreas que crecieron con el tiempo;
  • cargos creados para resolver urgencias;
  • procesos que permanecen porque “siempre se han hecho así”;
  • comités que nacieron para solucionar un problema puntual y nunca desaparecieron;
  • niveles jerárquicos que alguna vez tuvieron sentido, pero que hoy ralentizan las decisiones.

 

Pocas veces encontramos una reflexión profunda sobre otra pregunta: ¿Cómo deberíamos diseñar nuestra organización si realmente quisiéramos innovar? Jay Galbraith, con su modelo STAR, planteó que el desempeño organizacional depende de la alineación entre cinco elementos:

  • estrategia;
  • estructura;
  • procesos;
  • personas;
  • recompensas.

 

La innovación requiere coherencia entre ellos.

Si la estrategia pide innovación, pero la estructura castiga la autonomía; si los procesos son excesivamente burocráticos; si las personas no pueden colaborar; o si las recompensas premian únicamente el corto plazo, la organización estará enviando mensajes contradictorios. No podemos pedir comportamientos innovadores dentro de un sistema que los dificulta.

La velocidad también es una capacidad organizacional

Existe otro elemento que suele pasar inadvertido: la velocidad para decidir. Muchas organizaciones tienen personas competentes, procesos definidos e ideas prometedoras. Sin embargo, las decisiones tardan demasiado. Y cuando una decisión tarda excesivamente, la innovación pierde impulso. Jeff Bezos popularizó la diferenciación entre decisiones de tipo 1 y tipo 2. Algunas decisiones son difíciles de revertir y requieren análisis profundo. Otras son reversibles y permiten experimentar, aprender y corregir. El problema aparece cuando tratamos todas las decisiones como si fueran críticas.

El resultado suele ser conocido:

  • reuniones interminables;
  • exceso de validaciones;
  • escalamiento permanente;
  • lentitud organizacional;
  • pérdida de oportunidades.

 

La innovación necesita reflexión, pero también necesita velocidad. Entonces, ¿cómo diseñamos organizaciones que innoven? No existe una estructura única para todas las empresas. El diseño debe responder a la estrategia, al mercado, al tamaño y a la naturaleza del negocio. Sin embargo, algunas prácticas pueden favorecer la innovación:

Equipos multifuncionales

Los problemas complejos requieren diferentes perspectivas. La innovación aumenta cuando personas de distintas áreas trabajan sobre un desafío común y no solamente sobre sus objetivos funcionales. Decisiones más cercanas al problema. No toda decisión necesita llegar a la alta dirección. Las decisiones tomadas cerca de donde ocurre el problema pueden ser más rápidas y estar mejor informadas.

Gestión del conocimiento

El conocimiento debe circular. Cuando la información permanece encerrada en áreas o personas específicas, la organización pierde capacidad para combinar conocimientos y generar nuevas soluciones. Espacios para experimentar. No toda idea debe convertirse inmediatamente en un gran proyecto. La organización necesita mecanismos para probar, aprender, ajustar y decidir antes de comprometer grandes recursos.

Tecnología e inteligencia artificial al servicio de la colaboración

La inteligencia artificial puede acelerar análisis, generar alternativas y facilitar el acceso al conocimiento. Pero existe una oportunidad todavía mayor: utilizarla para conectar conocimientos dispersos dentro de la organización, reduciendo barreras entre áreas y acelerando la colaboración. La tecnología puede ayudar. Pero nuevamente, la tecnología no reemplaza un diseño organizacional adecuado.

La innovación como capacidad organizacional

Durante mucho tiempo pensamos que la innovación dependía principalmente de las personas. Después comprendimos que también dependía de los incentivos y los sistemas. Hoy debemos agregar una tercera dimensión: la arquitectura organizacional.

Las organizaciones más innovadoras no necesariamente tienen más personas creativas. Tienen una mayor capacidad para convertir sistemáticamente las ideas en decisiones, proyectos, aprendizajes y resultados. Y esa capacidad depende, en buena medida, de cómo está diseñada la organización. Por eso innovar no consiste únicamente en:

  • formar personas más creativas;
  • reconocer ideas;
  • incorporar tecnología;
  • crear un área de innovación.

 

Implica construir una arquitectura que facilite:

  • el aprendizaje,
  • la colaboración,
  • la toma de decisiones,
  • la experimentación
  • y la generación de valor.

 

Una pregunta para los empresarios.

Después de todo lo anterior, quizás la pregunta no debería ser: ¿Tenemos personas innovadoras?

Tampoco: ¿Cuántas ideas nuevas tenemos?

La pregunta más incómoda podría ser: ¿Nuestra organización está diseñada para que una buena idea pueda convertirse en un buen resultado?

Porque una organización innovadora no es aquella que tiene más ideas. Es aquella que logra convertir sus ideas en decisiones, sus decisiones en proyectos y sus proyectos en resultados.

Cómo acompañamos desde Euro Business Coach

En Euro Business Coach acompañamos a las organizaciones a desarrollar las capacidades que hacen posible la innovación, alineando estrategia, estructura, procesos, liderazgo, cultura y talento humano.

Nuestro propósito es ayudar a que la innovación deje de depender de esfuerzos aislados y se convierta en una capacidad organizacional que genere valor sostenible.

Porque la innovación no necesita solamente personas creativas. Necesita organizaciones inteligentemente diseñadas.

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